sudaca

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“La aparición de la Virgen” (fragmento), Enrique Lihn

La realidad es el único libro que nos hace sufrir

La realidad es la única película que nos quita el sueño

Las apariciones de la Virgen serán irreales no así la aparición de los agentes de la realidad

Ellos son los únicos autores terribles Ellos son los únicos sádicos cineastas

La película con muchos años de rollo que hacen en sus recintos secretos

Esa sí que desvela a sus actores

A las víctimas de la falange

A las víctimas de la bolsa de agua

A los intérpretes involuntarios de El interrogatorio a una madre

Mil veces preferible quemarse los ojos para ver a la Virgen

Que estar en el elenco de los que filman con sangre

Sin una gota de luz

Dios me libre de ser escrito con sangre por uno de esos autores no identificados

Que filman y escriben en vivo y en directo

En sus cárceles secretas

Son esos los que no me dejan dormir tranquilo


Hector Viel Temperley, “Las ratas”

Nunca antes

pensé en las ratas. Eran

las grises, melancólicas

nadas de larga cola

que subían

a un horizonte ajeno.

Las miraba

marchar, sin importarme,

por los altos

horizontes de otros.

Pero ahora

las ratas no son nadas,

son el peso

que sobra en la memoria,

que chilla cada vez

que abro las puertas

del Día.

Sé que están

en este barco

interior, confundidas

con la Gracia,

atropellándola

cuando ella sale

a ver el mar,

a hablar con los marinos.

Ahora sé por qué

algunos días

son más grises

y hay más frío en un lado

del corazón a veces.

Las tenía

siempre conmigo

pero no sabían

que iba a despertar

esta mañana

pensando en ellas,

recordando quejas,

reproches que me hacía

equivocado.

Desde hace un rato

van por mi memoria

como esperando

que se mueva el viento,

y sus colas escriben: Todavía

hay fuego en las cucharas

de los cielos.

Celedonio Flores, “Musa rea”

No tengo el berretín de ser un bardo,

chamuyador letrao, ni de spamento.

Yo escribo humildemente lo que siento

y pa´escribir mejor, ¡lo hago en lunfardo!…

Yo no le canto al perfumado nardo

ni al constelao azul del firmamento.

Yo busco en el suburbio sentimiento…

¡Pa´cantarle a una flor… le canto al cardo!…

Y porque embroco la emoción que emana

del suburbio tristón, de la bacana,

del tango candombero y cadencioso,

surge a torrentes mi mistonga musa:

¡es que yo tengo un alma rantifusa

bajo esta pinta de bacán lustroso!